LA HERRERÍA DEL TURCO.

Por: DANIEL QUINTERO TRUJILLO.

Educador y Escritor.

En la travesía por el Llano del Tabacal, era frecuente escuchar de los campesinos el nombre de «Turco el Herrero» como un hombre especializado en el arte de las herraduras para los caballos, a él acudían para ponerle este aditamento en los cascos de los finos animales o a las mulas de carga, que después de transitar por los ariscos caminos de la montaña, llenos de piedras como rocas, estas bestias llegaban sin herraduras y en otras ocasiones faltándole un clavo. Entonces Miguel Ángel García, hombre curtido en el calor de la fragua y con las manos encallecidas por la fuerza en el yunque, renovaba las herraduras hechas en metal y con forma de U con varios agujeros para insertar los clavos o puntillas largas con cabeza, devolviéndole a los animales bienestar y un buen caminar.

Su nombre de el Turco lo heredó de su abuelo, José Iza, un viejo habitante de la comarca que había llegado de Turquía a darle movimiento comercial a San José de Convención y que en los años 50 lo conocimos en una tienda en el camellón vendiendo velas de cebo para aliviar las peladuras a los jinetes ,después de montar a caballo, y además de vender sabrosos arequipes ,que los niños compraban y al despedirse del anciano salían gritando con sarcasmo «Joseiza el hombre de la Cotiza»

Este oficio del «turco el herrero» es el trabajo de un artesano que con la fuerza, el ingenio y la destreza de dar golpe de martillo, va dándole la forma y el temple adecuado a las herraduras que luego se forjaban en su fragua y así incandescentes son agarradas con las tenazas para evitarme un quemón.

A través de su experiencia el Turco se han jactado de fabricar las herramientas que usa para su oficio, y en sus charlas amenas se ríe y agrega : -claro a hay otros herreros que en su casa tienen azadón de Palo, pero eso es una vergüenza que desmentía nuestra profesión » y luego agrega que «en mi oficio lo único que necesito es un «sitio en donde calentar el metal, algo en donde golpearlo y algo con qué golpearlo».

Ahora llega a mi memoria las imágenes de este trabajador que un día cualquiera de julio del año 19-75 ,cuando en compañía de mi sobrino Rubén Darío Conde Quintero ,pasábamos por su herrería ,allí estaba este Convencionista en su actividad habitual, doblando las patas a las mulas para revisar sus cascos, porque según el : » la falta de un solo clavo puede ser culpable que el arriero quede varado y su vida peligre en el camino ,en las noches oscuras del Llano del Tabacal.»

Mi interés era conocer de cerca el oficio del herrero y a medida que trabajaba la herradura iba comentando:

«En este taller yo recibo los animales, reviso las herraduras y con un cuchillo afilado renuevo los cascos ,caliento la herradura de acero a un calor infernal, hasta que se pone al rojo vivo, enseguida, sin ninguna piedad, tomo el martillo y le aplico varios golpes, hasta que la pieza adquiere la forma deseada, luego la sumerjo en un balde de agua fría, y el taller se llena de vapor, a causa del cambio de temperatura, hasta que quede lista para ponerlas en los renovados cascos de los pobres animales».

Finalmente, el Herrero concluyó que su oficio se asemejaba a los duros golpes de la vida, que con las quemaduras que da el destino al fin el ciudadano adquiere consistencia de Cristiano para que su vida sea digna de imitar.

los campesinos de las diferentes veredas están atentos a que la Casa de la Cultura haga un homenaje en vida al «Turco el Herero»‘ ya que a pesar de los avances tecnológicos y del sinnúmero de motos que reemplazaron a las mulas, el sigue con su oficio, subsistiendo por la Gracia de Dios.

Llego la hora precisa de construir su historia y reconocerle su trabajo como una leyenda en la cultura convencionista, porque en su frente liza, como una pista de aterrizaje, se albergan muchas historias de camino y de herrería.

Danielquintero47@gmail.com.

Finca la Cuadra.

Firavitoba,18 de Agosto del 2016.

Facebook
Twitter
Email
WhatsApp